¿Quién Soy?

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Vivo en una piña debajo del mar, En algún lugar dentro del planeta irrealidad..., New Zealand
Pienso que quizá la única virtud que realmente poseo, es la de no conocerme lo suficiente como para que me guste hablar de mi. Yo siento con los dedos y respiro con los ojos, por eso me gusta más respirar en colores y ver en blanco y negro. Verdades hay muchas, pero se saben pocas, y eso es lo que nadie comprende. Prefieren mentirse a ellos mismos que darse cuenta de que viven en una mentira andante, que nadie es dueño de su vida al final, que todos somos esclavos de algo. Yo, lo acepto, y por eso soy libre. Soy como la tinta con la que se escriben palabras en la arena, esperando que el mar las borre... Y me encanta.

¿Cuántos Sois?

sábado, 18 de mayo de 2013

Movimientos desvirtuados y tacones de cristal.

A veces fantaseo con la idea de convertirme en alguien nuevo. En que al final mis objetivos se puedan cumplir. Que podré presumir de tener las ideas claras y andar siempre hacia delante. Pero, a medida que se me ocurren tales pensamientos positivos, comienzo a recaer en mi propia trampa: no me gusta soñar. No me gusta soñar y sueño, sí, así soy. Así de extraña. Así de estúpida. Así de inútil. Desconfío de lo más fiable y me fío de lo más estúpido. De mi. De mi criterio. Sí, sé que puede ser raro visto desde fuera, que me quite la razón continuamente. Pero es que no soy la única que lo hace. Ni la primera, tampoco.

Cada vez que miro hacia atrás, me encuentro con que todos los recuerdos me persiguen, y aquellos sueños que ni cumplí ni espero cumplir ya, agonizan y tratan de hacerme sentir peor. Y lo consiguen. Desvirtúan mi imagen de tal forma, que soy incapaz de reconocerme. De reconocerlo. De tomar consciencia y asentir, asumir, que ya no soy la que era ni volveré a serlo nunca. ¿Pero qué era entonces? Para los demás, lo mismo que ahora, en esencia. Algo que ignorar, a lo que no prestar atención, algo que utilizar en tu beneficio y luego tirar al olvido, y observar con regodeo cómo se consume. Cómo me consumo. Cómo me consumía entonces, y ahora, sin que nadie hiciese nada por impedirlo. Lo triste es que una simple palabra de las personas oportunas hubiese bastado. Me habría bastado. Y nunca las oí. A veces creí oírlas, pero sólo me las imaginaba. Fue entonces cuando por fin asumí, que seguiría caminando sola. Y así fue. Y así es.


Y mientras yo me iba consumiendo lentamente, veía tras mi ventana cómo los demás se divertían, sentían, vivían... Eran. Sin yo formar parte de sus vidas. De su universo. De su mundo. Yo nunca he sido, ni soy, ni seré. Nada. Cuando me preguntan si echo de menos lo que he perdido, no me queda más que responder si se puede echar de menos algo que nunca has tenido. Porque yo no sé si lo he perdido todo, o si, realmente, nunca tuve nada. Nunca lo tendré. ¿Y le interesa a alguien? Todo sigue siendo como siempre, y aunque no haya nubes en el cielo, en mi ya no queda más espacio para nada que no sea negro. Ni siquiera el blanco sigue siendo cristalino.

Si caminar sin rumbo es duro, hagan un esfuerzo por imaginar cómo de duro resulta para alguien que no tiene ánimos ni para respirar. Para vivir. Para ser. Para estar. Continuamente paseo sobre cristales resquebrajados. Continuamente me siento vacía, llena de la nada. La nada te consume tan despacio que apenas se nota. Pero sus cambios son irreversibles. Irreparables. El daño no puede eliminarse, ni las cicatrices cerrarse. Y siguen sin verlo. Soy el cero a la izquierda más a la izquierda de todos los ceros. Con valor a menos infinito. Por eso me hace gracia la gente que dice por ahí que intento llamar la atención... ¡Ja! Si supiera cómo hacer eso iba yo a estar aquí, mendigando un poquito más de "nada".


La vida apesta.
Vivir no tiene sentido.
Sentir ya no sirve para nada.


A mi que no me jodan,
nadie sabe mejor de MI sufrimiento que yo misma.
Ayudar no es decir "¡Estúpida!"
Mejor, ni intenten ayudarme.
La última vez que alguien lo intentó, me hundió más al fondo.
Gracias a M, Etcgd., Adr. y demases, por joderme la vida.
Que os den mucho.



Y la cenicienta se clavó todos los cristales
del tacón
al bajar las escaleras,
el príncipe la ignoró y se marchó con otra 
que estaba mucho más buena.
Y la cenicienta se ahorcó con sus penas,
se emborrachó con sus sueños,
maldijo al príncipe sapo,
y murió sola, triste, amargada...


Pero siendo la más delgada del puto reino.


2 comentarios:

Dolores dijo...

Hola, antes pasabas por mí blog. Me cree un nuevo, espero te guste y pases. Un beso!

bixitoluminoso dijo...

toc,toc... duende?
vuelve... sabes que cuando escribes eres más feliz xD (t lo digo pq es lo que yo siento con respecto a mi)
En fin, haz lo que tu veas. Solo venia a saber como estas y a quitar 1poco el polvo de tu blog xD
Un saludo

Un premio ^^

Un premio ^^
Gracias!