¿Quién Soy?

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Vivo en una piña debajo del mar, En algún lugar dentro del planeta irrealidad..., New Zealand
Pienso que quizá la única virtud que realmente poseo, es la de no conocerme lo suficiente como para que me guste hablar de mi. Yo siento con los dedos y respiro con los ojos, por eso me gusta más respirar en colores y ver en blanco y negro. Verdades hay muchas, pero se saben pocas, y eso es lo que nadie comprende. Prefieren mentirse a ellos mismos que darse cuenta de que viven en una mentira andante, que nadie es dueño de su vida al final, que todos somos esclavos de algo. Yo, lo acepto, y por eso soy libre. Soy como la tinta con la que se escriben palabras en la arena, esperando que el mar las borre... Y me encanta.

¿Cuántos Sois?

domingo, 17 de agosto de 2014

Necesidades

Anoche soñé que las cosas iban mucho mejor, que era feliz, que podía sonreír sin sentir que estaba mintiéndome a mi misma, que había conseguido algunos sueños que, hoy día, considero casi enterrados bajo kilos y kilos de miserias... Anoche soñé que no había diferencias entre mi yo interno y el externo. Y esta mañana, pese a que todo va bastante mejor que como iba hace algunos meses, lloré durante un buen rato porque ese sueño, ese maldito sueño, no había sido real. 

Supongo que es lógico. Mi vida, desde hace demasiados años ya, se ha basado en un continuo ir y venir de emociones encontradas, que sólo lograban -y logran- hacerme sentir aún más confusa de lo que ya de por sí me siento. Y eso, mezclado con este vacío que siempre me ha acompañado en forma de nudo en la garganta, no hace sino susurrarme al oído que, francamente, estaría mejor muerta. Que ese verano de hace tres años no debería haber sobrevivido. Que entre sentir la nada y convertirme en la nada, prefiero lo segundo. Porque no sentir es infinitamente más sencillo que sentirlo todo a la vez, y ser incapaz de demostrarlo. O eso me parece. Y pese a todo, y por extraño que parezca, hoy día puedo decir que no sueño con morir. O al menos, no con tanta frecuencia como antes. No quiero que todo se acabe tal y como está ahora, no quiero sentir que mis esfuerzos no han valido para nada. Quiero vivir, y creer que debo seguir haciéndolo hasta encontrar aquello que llevo buscando desde hace tanto tiempo. Sea lo que sea.

Sin embargo, pese a que mis deseos son bastante más optimistas de lo que antaño eran, no veo la forma de seguir avanzando. Llevo tanto tiempo estancada en el mismo sitio que no me siento capaz de seguir adelante. Supongo que lo que realmente espero es a ese alguien -o algo- que me de el empujoncito que necesito para comenzar a caminar, de nuevo, en línea recta. Y sí, ya sé que debería ser yo misma quien se esforzara y se animara a sí misma a seguir hacia delante, que esperar a alguien que lo haga por mi es tan absurdo como confiar en que aparezca. Pero si yo no puedo hacerlo, si soy incapaz... ¿No es ayuda lo que necesito? ¿Y cómo narices voy a pedirla? Y aquí se encuentran dos de mis características más complejas de entender: mi incapacidad para avanzar sola, y mi absoluta -y exagerada- negación por solicitar ni aceptar la ayuda de nadie. Supongo que esa niña interior a la que nadie hizo ni puto caso cuando era pequeña, reclama una atención que nunca tuvo, y la adulta en que me convertí demasiado pronto por las exigencias de mi medio, se esfuerza cada día por demostrar que no necesita, ni quiere, a nadie en sus asuntos.

Porque... ¿Cómo iba a quererlo? Todas aquellas personas -o la gran mayoría, mejor dicho- que en algún momento prometieron que no iban a ser como las otras, que no iban a marcharse jamás, acabaron abandonándome sin explicaciones y de forma tan abrupta como llegaron. El tiempo me ha convertido en alguien demasiado desconfiado como para dejarme ayudar... Y lo malo de todo esto, es que en lugar de culparles, de guardarles rencor, sigo echándoles de menos. Tanto o más que cuando se fueron. Echo de menos a aquel que "estaba colgado"; a aquella que fue mi confidente y amiga durante años; a aquel que quiso ayudarme y al que nunca dejé hacerlo; a aquella que escuchaba mis patéticos intentos de hacerme la fuerte y calmaba mi ansiedad, a aquel que, pese a hundirme en la miseria, me ayudó a ser como soy -y aunque parezca mentira, lo agradezco-; a aquel que me enseñó muchas más cosas que las reflejadas en el temario de su asignatura; a aquella que me comprendía desde lo más oscuro del agujero en que ambas estábamos -y del que, por suerte, logró salir-; y a aquel que se convirtió en una intensa luz en mi día a día, y luego aparté de mi lado sin pensar en lo mucho que extrañaría hasta el último de sus cabellos casi rojizos... Echo de menos a todos aquellos que, en su día, fueron lo más importante y real que tuve en mi vida, pese a que, en su mayoría, nuestro contacto fuese casi ficticio y a través de esta fría pantalla de ordenador. Y lo más gracioso era que ni siquiera se conocían entre ellos. Unos entraron en mi vida al marcharse los otros. Sólo tenían y tienen una cosa en común: que mintieron al decirme que nunca se marcharían.

Y yo, estúpida, les creí.

Aún así, y pese a que hoy me siento igual o más vacía que entonces, sigo aquí y sin pensamientos de abandonar esta mierda de día a día que me consume lentamente. Supongo que la costumbre puede más que los motivos. Y tristemente, debo alegrarme por ello.


De lo que sí les culpo es de haberme dejado tan desencantada que soy incapaz de confiar-te todas aquellas cosas en las que sé que intentarías ayudarme.

Aunque no consiguieras hacerlo.

¿Por qué narices soy así?

2 comentarios:

bixitoluminoso dijo...

Hola duende.

Te he leido atentamente. Puedo estar más o menos de acuerdo, sin conocerte. Pero lo que sí estoy segura es que te equivocas en el primer parrafo donde te culpas de no haber cambiado y de que sea solo un sueño.
La prueba de que has cambiado es la inestabilidad que expresas en el texto. Las cosas que permanecen no plantean agitaciones ni dudas ni angustias. Por eso todo se mueve a tu alrededor. Estas entre lo certero y lo supuesto. No sé si me explico. Pero eso en si mismo es una evolución.

Y con respecto a 'despedirse de la gente', te dejo una frase (que no es mia, es de Risto Mejide) que me gusto:

"Crecer es aprender a despedirse. El día que te das cuenta de que crecer va a significar despedirse de personas, situaciones, emociones, memorias, ilusiones e incluso amigos que se supone iban a estar para toda la vida. El día que ves que crecer significa conocer cada día más gente que ya murió.El día que te das cuenta que te despides mejor que hace un año. Que ya no te sorprende que la gente desaparezca de tu vida. Ese día estás aprendiendo a decir adiós, ese día estás creciendo."

Un saludo, duende.
Me alegro de que vivas :)

Anónimo dijo...

Algunos nunca nos marchamos del todo. Solo seguimos adelante, tristes porque no nos quisiste acompañar.

Un premio ^^

Un premio ^^
Gracias!